Es mediodía.
Un camión pasa
como si no tuviera nada que ver.
De lejos
llega una música
que no se entiende.
Un pájaro insiste.
No sé cuál.
La puerta está muda,
pero algo empuja
desde el otro lado.
No hace falta decirlo.
El abrazo
ya está marcado
en el cuerpo,
como manos
que dejaron su forma
en mi espalda al despedirse,
y que al volver
van a abrir
lo que quedó cerrado.
Es mediodía.
Y te espero
como se esperan
las cosas
que vuelven.
Todo alrededor
empieza a callarse.
Y lo único que suena
es el regreso.
Sergio Alejandro Cortéz
