EL PUENTE DEL LAGO
Mi amada vivía del otro lado del lago,
casi en la orilla,
donde el silencio temblaba con su nombre.
La corriente ya no era la misma:
a veces traía celos,
mentiras,
inocencias,
dolor,
gente como espíritus enmascarados de juncos.
Esa agua turbia —como el tiempo—
comenzó a gastar el puente natural,
hecho de tierra, de arena,
de promesas blandas.
Entre nosotros, un árbol viejo,
vigilante del viento,
alzaba su sombra sobre el agua.
Entonces alguien —una voz— dijo:
“Ya no podrán verse.
El lazo que los unía se ha gastado.
El agua se lleva lo viejo
para curar heridas,
para lavar los rencores.”
Y al oír esas palabras,
el árbol cayó.
Su cuerpo, al tocar el agua,
se volvió raíz de un nuevo puente.
Entonces dimos el primer paso sobre el agua,
y era de madera firme.
Sergio Cortéz
Poeta
Villa Dolores, Córdoba, Argentina.

