lunes, 16 de febrero de 2026

Rubio

 Color de su dios




Me discriminó el evangelista.

Me dijo:

“Negro fiero. Esclavo.”

Y después, como si nada,

me mostró la foto de su nieto:

“Rubiooo… de ojos claros…” decía.

“Es rubiooo…” repetía.

Y miraba mi piel.

Rubioooo.

Lo estiraba.

Lo alargaba.

Como si el color fuera salvación.

Mientras a mí me decía:

“Trabajá, esclavo.”

Se ponía los auriculares.

Leía la Biblia.

Llegaba tarde.

Se iba temprano.

Y su vida —según él—

era perfecta.

Perfecta

porque la hija se acostaba con hombres rubios,

fuera del matrimonio,

y así nacían nietos rubios.

Repito.

Con rubios.

Lo estiro.

Rubioooooos.

No negros.

No esclavos.

Y yo ahí,

rasguñándome la piel

que era pecado, según él,

escuchando el sermón

de un hombre que hablaba de Dios

con la boca llena de odio.



Sergio Cortéz