La primera vez
que volé,
lo hice entre los pastizales.
Volé bajito.
Miré a los demás voladores:
surcaban ágiles
por encima de los olivos,
altos,
entre las nubes.
Yo no.
Tal vez siempre quise
volver al lugar cómodo,
donde el cielo
todavía no daba miedo.
Todo lo demás
parecía peligroso.
Pero un día
entendí que volar
no era llegar más alto.
Era animarse
a dejar el pastizal.
Entonces abrí las alas
sin mirar las nubes
y volé apenas
lo suficiente
para descubrir
que también abajo
había un cielo.
Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores
Córdoba
Argentina.
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