Poema
Korokotongos
Fui al lanzamiento
de un libro.
Allá, cerca del cementerio,
fui porque noté
que había hongos
sobre la fuente.
Eran pequeños,
redondos,
con unos korokotongos
que parecían comestibles.
No había nadie.
Yo miré uno.
Después miré otro.
Tenían algo familiar,
pero no eran iguales.
Aunque haya nacido
en Traslasierra,
todavía me cuesta distinguir
los venenosos.
Siempre tuve esa sospecha:
que los hongos tóxicos
se parecen demasiado
a los que uno puede comer.
Entonces pensé
que quizá la vida
consistía en eso:
elegir uno
sin saber.
Agarré el más pequeño.
Lo acerqué a la boca.
Y justo antes de probarlo
me pregunté
si había venido a ver un libro
o a salvarme.
Sergio Alejandro Cortéz
Poeta de Traslasierra
Villa Dolores, Córdoba, Argentina

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