El barco violeta
Cada uno debía poner
un barco
en un lago.
Nunca había ido
más allá de su espejo
visible.
Construí mi barco
con la tierra
que alguna vez estuvo bajo el agua,
cuando el lago se retiró
y dejó su escarcha partida
sobre la tierra seca.
Después
tomé un poco del color del atardecer
y lo hice violeta.
Quería que durara
más allá de la noche.
Lo puse sobre otro barco,
para que no se deshiciera
tan pronto.
Y lo dejé descansar.
Entonces vi un portal.
Alguien estaba allí
invitándome a ir más allá,
a navegar hacia adentro.
Pero supe
que era una trampa.
Quien entraba
se convertía en otra cosa
y ya no regresaba.
Yo miré mi barco violeta
sobre el lago
y decidí quedarme afuera.
Había lugares
que podían parecer un paraíso
y, sin embargo,
pedían demasiado
para dejarte entrar.
Sergio Alejandro Cortez
Poeta
Traslasierra
Villa Dolores, Córdoba, Argentina

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